La lombriz del elefante

 Ángel Pichardo Almonte 

 

El personaje de cuentos “Pepito” inmortalizó un truco para salir de cualquier aprieto.

Cuentan que el muchacho, en víspera de un examen de zoología, se había preparado sólo leyendo las características de la lombriz, pasó la noche entera leyendo acerca de la Lumbricus terresti, especie de anélido y sus múltiples funciones para la agricultura, su forma de comportarse, etc. dominaba esa área con la mayor destreza, sin embargo, y para desgracia de Pepito, al profesor se le ocurrió dar el examen por bolos, consistente en introducir en una bolsa los nombres de todos los temas dados en clase, y a lo que cada estudiante debía sacar un papelito meticulosamente doblado de la bolsa en cuestión, a Pepito le tocó hablar del elefante.

El, que solo sabía hablar de la lombriz, procedió a dar las descripciones generales del elefante, diciendo que este era un animal inmenso, muy pesado, que tenía cuatro patas, una gruesa trompa y un rabo fino como una lombriz, y procedió diciendo: “la lombriz...”

Este cuento me ha saltado a la memoria en los últimos días que he compartido algunos escritos con compañeros y compañeras de cercanía, inmediatamente leen el escrito en cuestión proceden a señalar lo que a su entender le falta al escrito, como si se resistieran o no quieren evidenciar las deficiencias para hablar de lo leído. Al parecer, es una evidencia de que el tema que se domina puede ser cualquier otro más allá de lo que se ha leído.

Se puede apreciar cierta resistencia a analizar un escrito, no se valora en sus distintas dimensiones, no hay muestra de interés con relación a los planteamientos centrales, al posicionamiento expresado o lo novedoso o no del legajo.

En vez de releer, si es necesario, destacar aspectos esenciales, subrayar, debatir sobre las ideas planteadas, etc. Ocurre todo lo contrario, inmediatamente después, viene la famosa frase “ le falto decir”, o “debió decir”. Esquivando con esto referirse o tomar posición con relación a lo leído.

Pienso que esta práctica es una muestra de lo poco que se escucha, lo escaso que se entiende o la poca importancia que se le da a los diversos materiales de lectura. Lo he observado en el ejercicio docente también, donde se hace casi imposible que las personas se refieran, resalten o critiquen cualquier escrito.

Hay quienes intentan consolarme planteando que estas actitudes obedecen a fallas estructurales del proceso de educación, que no ofrece las herramientas pertinentes para la lectura comprensiva y el análisis de texto.

Es una clara evidencia del bajo nivel de criticidad, de cómo se instruye en la cultura de la repetición, el desmedro de la lectura en general y el poco incentivo a la lectura crítica y al análisis del discurso. Como si se contribuyera desde esas instancias a incentivar poca reflexión, la complacencia y el desdén por las discusiones teóricas, o el deleite de cualquier libro.

Se hace necesario resaltar que cuando se hace referencia a cualquier planteamiento es necesario profundizar en la comprensión, los fundamentos, los valores que promueve y sobre todo cómo puede ser útil para la necesaria transformación del ser y la sociedad.

Es perentorio reclamar y promover los fundamentos de la educación popular en cualquier circunstancia, mas allá del academicismo, que se haga referencia primero a lo leído o planteado, que además de mirar, leer, se “admire” el texto como forma de profundizar en lo que dice, lo que quiere decir, lo que descubre y lo que puede ocultar. Esta es una buena vía para aportar al desarrollo de una  comunicación empática que sea capaz de hacer volar la inteligencia colectiva, la creatividad y sume capacidades e intereses.

Hacer vivir un texto cada vez, que deja de ser el mismo con cada lectura y re lectura, un texto renace, incluso, para quien lo haya escrito, convirtiéndose en un divertido encuentro de diálogo reflexivo imprescindible para el aprendizaje.

Hagamos de la lectura reflexiva una entusiasta práctica, que no significa limitar jamás el pensamiento, sino de tener claridad de hablar del texto o cada cuestión en su momento y referencia. Donde además de hablar de la lombriz, se pueda profundizar hablar del gran paquidermo que se tiene al frente.

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