La izquierda dominicana en las elecciones, hechos, mentalidades, resultados

Aquiles Castro. 

El escenario electoral ofrece un espacio de lucha tan legítimo como otro cualquiera para las personas, organizaciones y sectores de izquierda o revolucionarios de cualquier matiz ideológico. La pertinencia de intervenir en dicho escenario y la forma, han de ser resultado de evaluaciones concretas que los concernidos en una situación histórica concreta deberán realizar. Pero en general, desde la teoría y la experiencia, creo que lo indicado resume la actitud acertada para gente con juicio y formación.

Los hechos

La apertura política abierta en el país en 1978 fue entendida tarde por nuestra izquierda, tarde en el sentido de entrar en sintonía. Con la libertad de los presos políticos y un discurso con mucho de general sobre “la revolución”, quedamos sin una propuesta o demanda política movilizadora en términos políticos. Cuando se entendió el alcance del cambio producido en el esquema de dominación, las contadas organizaciones que incursionaron en el terreno electoral fueron vilipendiadas y acusadas de traidoras por buena parte del movimiento. Mismo que después sin mediar autocrítica alguna se fue de bruces en la ruta electoral al socaire de un espejismo solo asentado en el voluntarismo a que conducen ciertos “análisis”: algunos compañeros de diferentes espacios que llegaron tarde soñaron que teníamos asegurados síndicos, diputados y regidores al granel y desde esa óptica se insertaron y actuaron. Lo más grave ocurrió esto último en más de una coyuntura.

El principal aporte que la participación electoral de izquierda ha legado que es haber enterrado aquellas posturas principistas de rechazar el escenario electoral per se “porque es la trampa que legitima el sistema”, “porque son un fraude” o “porque el camino es la revolución”.  La lucha sindical clasista, también legitima el sistema, porque forma parte del “juego democrático” burgués, y a nadie se le ha ocurrido en el pasado ni hoy día condenar la organización y lucha económica-social de los trabajadores. Todas esas son consignas generales que pueden encerrar mucha verdad, pero ya se sabe que ello no es suficiente para hacer la política, que se nutre de realidades y es ante todo correlación de fuerzas. Es decir, requiere ser consecuentes con la máxima que obliga al militante aventajado a “realizar el análisis concreto de la realidad concreta”, para lo cual hay que tener con qué hacer ese análisis, no basta el proclamado deseo de hacerlo.

La cuestión es si un determinado paso práctico permite acumular en el sentido revolucionario y para ello hay que admitir que la avenida de la política es demasiado ancha, donde los prejuicios y preconcepciones no tienen mucha cabida fuera de las cabezas que les albergan.

Los resultados son muy pobres, no debemos contentarnos con eso. De ninguna manera. Ellos no son proporcionales a los esfuerzos e inversiones realizadas desde la izquierda en el terreno electoral en República Dominicana. El peso del partidismo tradicional en el marco sociológico de la sociedad dominicana, la incapacidad de construir un liderazgo maduro y creíble ante la población tras la pérdida de Manolo Tavarez, y obviamente la incapacidad de concertar entre los sectores del propio movimiento de izquierda, el grueso del cual vivió y muchos todavía viven teniendo la competencia entre sí como “léit-motiv” de su acción política. Esa incapacidad para trabajar coincidencias ha sido crucial porque la generalidad del pueblo percibe eso y construye su imagen al respecto. A propósito de este aspecto algún día alguien hará el balance desapasionado colocando cada piedra en su lugar y constatará que el protagonismo de las personalidades fue el principal obstáculo y asimismo deberá colocar en su justo lugar la capacidad de renuncia de una formación política llamada PCT que en reiteradas ocasiones ha sabido dar y dejar en aras “de la unidad”, pese que no pocos beneficiarios de esa actitud todavía ni se dan ni por enterados.

Me parece que no ha ayudado a modificar esa situación las precarias representaciones conquistadas, que en general han dejo mucho que desear, incluidas las actuales. Si bien es verdad que una golondrina no hace verano, también lo es que pudimos tener mejor desempeño en las posiciones ostentadas hasta el día de hoy. Creo que esto requiere un balance autocrítico aparte, en el que se debe separar aquellos que si bien procedentes de la izquierda, terminaron integrándose en el sistema vía esa participación electoral o terminaron siendo vividores vulgares de la política. Hay que advertirlo, porque a veces eso también se le pretende “achaca” a la izquierda.

A nuestra izquierda le ha resultado muy difícil construir una cultura electoral con todas las implicaciones que eso tiene, pero creo que lo fundamental ha sido la pobre vocación de poder con que fue formada más de una generación de militantes, lo cual se expresó en el culto febril al componente social reivindicativo de la lucha política.

¿Cómo superar los obstáculos?

Lectura crítica y objetiva de la realidad en curso, es decir a través del prisma de la teoría.En consecuencia asumir la lucha por reformas democráticas desde la institucionalidad del sistema y especialmente fuera de ella, está a la orden del día y ambos escenarios se complementan. Madurez política que se supone da la experiencia cuando hay juicio para asimilarla. Almas limpias y no personalidades enturbiadas en los protagonistas del movimiento, donde al parecer tenemos no pocos pacientes. La calidad personal en cuanto ente depositario de humanidad cuenta. Construcción de confianza entre nos y audacia y beligerancia para encontrarnos con la sociedad. Me parece son parte de las coordenadas fundamentales que un esfuerzo serio debe tomar en cuenta.

Ruptura y CambioComentario