La triste suerte de un inmigrante en tierra de Dios

Ronny Ramírez Pichardo

La xenofobia es un fenómeno que cada día se hace más inherente en la concepción humana y en nuestra programación social. Basta tomar el tema haitiano, por ejemplo, y examinarlo en sus múltiples facetas. Por un lado, vemos  cómo los medios de comunicación distorsionan su contenido en favor del rechazo  y el odio hacia los inmigrantes del país vecino. Recopilan y bombardean sobre la población dominicana una gran cantidad de actos reprobables y criminales, aislados entre sí, con el único fin de subrayar en sus titulares que fueron perpetrados por ciudadanos haitianos. Dichos actos encabezan todos los boletines televisivos y son reproducidos de forma masiva por las hordas xenofóbicas  y chovinistas que llaman a "reivindicar" la patria y "limpiar'' nuestra sangre. Porque la suma de estos hechos delictivos demuestra que los haitianos sólo han venido a profanar la pureza nacional. Este es el modo en que forman una reputación y hacen eco de ideas venenosas para dirigir la opinión pública

Invitamos a reflexionar: -La nacionalidad tendría la misma relevancia mediática si los hechos reprobables son cometidos por dominicanos u otros extranjeros de "alta gama" como los gringos o los europeos-. En mi opinión, sólo evidencia el creciente y lamentable amarillismo que impera sobre la verdad y la transparencia en los medios informativos. Buscando dispersar las llamas discriminatorias que destrozan cualquier tentativa de paz y comunión en la isla.

Por otra parte, se ha estado reproduciendo insidiosamente la idea de que los haitianos están sobrepoblando el país, al modo de una plaga, consumiendo nuestros recursos, sin escrúpulos ni control. Se les visualiza como una masa incontenible que resulta difícil o imposible de predecir y manejar. Hacen patente la noción de "carga", de un mal que hay que llevar a cuestas. Es decir, han sido totalmente deshumanizados en función de su gran número. Por esta razón,  los xenófobos sacan a relucir temas como la sanidad y la mano de obra,  porque son los puntos donde se concentra el mayor tráfico de haitianos. Así pueden argumentar que los inmigrantes están apropiándose de nuestros recursos, señalando la capa externa de la situación. Pero quizá, esa “sobrepoblación” sólo refleje las deficiencias estructurales de los sistemas de migración y regularización de nuestro propio país. Pareciera que se busca únicamente acumular  justificaciones, sucumbir a lo que se quiere inevitable, apoyarse de cualquier pretexto que aliente la paulatina exclusión y expulsión de las diásporas más desfavorecidas.

Es importante aclarar que no se trata de victimizar ni mucho menos. Mi intención es señalar los hechos. Los haitianos han sido históricamente discriminados por su color, su posición social, económica y religiosa. Se ha ido haciendo de la palabra "haitiano" un escupitajo en el rostro. La han cargado de tantas connotaciones negativas que los mismos haitianos se sienten ofendidos cuando se les refiere por su nacionalidad. A este paso, necesitará de un eufemismo. Hay que preguntarnos seriamente, donde radica el valor de un ser humano y qué necesitamos plantear como nación para poder trazar un camino de equidad y afecto entre nosotros mismos y nuestros hermanos.

RyCComentario