Camisa gris (LA MAGDALENA)

Estaba dándole una ojeada a mi primer libro (ya casi listo a salir) y me puso a reflexionar una línea que sin  darme cuenta  escribí automática, maquinal, impensada y todos esos sinónimos de algo que al parecer se había muerto en el fondo de mi conciencia. La línea dice: "Ellos estaban acostumbrados a su trajinar diario, como también a ese olor profundo despedido del sudor de su carne mestiza, acumulado en sus roídas y desteñidas camisas....tantas veces usadas."

El recuerdo me llegó como un flash!; de repente me vi en medio de un monte junto a dos niñas pobres de la vecindad cercana llamada Los Praditos… Los Prados era la otra donde, "según ellos", vivían los "blanquitos" (sinónimo de ricos en la mentalidad de los pobres dominicanos.) Corría el año de 1971; yo con apenas 8 años y había arribado a mi conciencia del mundo observando ese paisaje paupérrimo por lo que "no había nada anormal en él"

Siempre que llegaban a nuestro barrio, destacaba su ropa rota, hecha hilachos, algún pedazo de nalga asomaba en alguna ocasión y no fue hasta que esas niñas (una tendría unos 5 y la hermana mayor llamada Marilena, tendría unos 11, pues era mayor que yo) se me acercaron a pedirme que les diera ropa a cambio de ..."algo", cuando pude ver por primera vez el color gris. Recuerdo el nombre de Marilena (no por la novia de Jesús....), ya que se había hecho popular entre los amiguitos pues solía "darlo" a cambio de nuestros trapos aun coloridos.

Podría decir que fue mi primera experiencia sexual, pero a esa edad, el sexo era algo que no entendía.  Marilena se quedó con mi ropa y yo simplemente me baje los pantalones para ver como Marilena se reía de esa cosita que apenas se dejaba ver y que no había aun despertado  a lo que más tarde seria mundialmente reconocido como "el tigre" (¡!).

Aunque ese episodio si sucedió (tengo como testigo a mi amigo Nicolás Mesa), lo verdaderamente vergonzoso de todo eso no fue aquel intercambio brutal de la virginidad de una niña con un niño, sino esa necesidad agonizante de nuestras niñas por toda la geografía nacional. Volví a ver a esas niñas grises, 40 años después cuando me toco entrar a "la casa" de un carpintero.... (¡una habitación!) en donde dos niñas tan pequeñas como aquellas  dormían justo encima de la cama de sus padres.... ¡Con que cara amable puede uno mirar a los políticos que han gobernado?!

Hace apenas tres días, estuve en una fiesta de cumpleaños y escuché el diálogo de dos niñas "blanquitas" dominicanas entradas en los 50s. “Este vestido, no lo vas a creer, pero tiene 20 años!” “Cállate! que así me pasa a mí, pues la moda es cíclica y se está repitiendo; encontré en mi closet, metido por lo último, ropa que se me había olvidado que tenia”. “Pues te cuento que yo no repito, tengo para ponerme uno diferente para todo el año”. “Yo también!!... ¡Y que conste, que ambas son mujeres súper dadivosas y desapegadas!!.....

El año pasado fue la última vez que estuve en Santo Domingo y recuerdo a una niña gris acercarse temerosa a mi ventana; no buscaba nada para intercambiar, solo quería que le diera algo. Yo quisiera darles una vida digna a todas y cada una de las familias pobres no solo de mi país, sino del mundo entero. Pero esa es una labor que nos corresponde a todos, despertando de una vez la conciencia para exigir que cuando tiremos el voto sea por ciudadanos responsables que en verdad distribuyan la riqueza que todos producimos hacia los lugares donde más se necesite. 

Tenemos que dejar de vivir tan maquinales, automáticos e irreflexivos ante tantas camisas grises que van opacando ese verdor del campo y que esta inundando de Magdalenas dispuestas a todo con tal de darle color. Ya basta de ser tan indolentes y convenientes y contribuya a sacar a los políticos irresponsables que solo se benefician ellos y posiblemente a usted y su familia. 

Nunca olvidé el nombre de Marilena, pero tampoco la mirada angustiante y perpleja de su hermanita pequeña ante el baile matinal de dos niños desnudos en pleno campo y en el que uno le entregaba su camisa toda fresca y colorida mientras el otro tiraba en un hueco profundo con harta alegría ... su camisa gris.  (La historia es triste/pero hay que contarla)

 

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Máximo Caminero.

Ruptura y CambioArticuloComentario