El gran negocio de a cooperación internacional

Cristina Bianchi

Esta no es una investigación periodística. Es, más bien, una hoja que puede ayudar la reflexión: un punto de vista, listo para ser criticado, integrado, moldeado; porque el encuentro es el secreto de todo y la mente crítica es la clave para superarse.

Es muy curioso que con los millones de dólares que la cooperación invierte en el Sur hace muchos años, todavía el Sur siga necesitando.

Esto pasa en muchísimos países, tanto del “primero” como del “tercer mundo”. Siempre hay disparidades en su interior: siempre hay “un Sur”. El desarrollo verdadero implica políticas públicas que valoren lo local, que inviertan en la descentralización, que no consideren su país como una geografía de recursos para el mantenimiento económico y para sanar la deuda externa, sino un lugar donde personas que comparten la misma cultura quieren vivir bien.

La cooperación está llena de técnicos y especialistas en uno y otro tema, diseñando proyectos de manera encomiable, que sabemos que sirven para mejorar la realidad de algunos estratos sociales, pero con un horizonte de cambio profundo realmente lejano y muchas veces inexistente.

Los proyectos que se desarrollan, en la casi totalidad de los casos, persiguen el interés del financiador, no necesariamente lo de la población-meta. El financiador, por lo general, no tiene ningún interés en el desarrollo del país; él usa más bien la cooperación al desarrollo y la ayuda humanitaria en emergencia como herramienta para potenciar el juego de influencias.

Y hasta hablar de población-meta implica que alguien de afuera viene y define a quien dirigirse. Entonces, quien dirige la acción no son los mismos ciudadanos que saben lo que necesitan y lo que quieren, sino alguien de afuera que viene a decirle lo que necesita. Aunque se comprende que a menudo en la historia los grandes cambios, tanto negativos como también positivos, han sido traídos desde afuera, hay que tomar en seria consideración el riesgo de reproducir las mismas lógicas del mercado: crear otras necesidades.

En todo esto actúan las personas, de aquí y de allá. Jóvenes de buena voluntad que desean ir a apoyar o acompañar a sus similares que viven en peores condiciones, movidos tal vez por fe, tal vez por humanismo, tal vez por aspiraciones de carrera profesional. Y luego están los de acá, que llamamos “beneficiarios”, que en realidad son personas de diferentes orientaciones sexuales, religiosas, de diferentes colores, con diferentes tradiciones, costumbres, saberes y capacidades intelectivas, que viven y desean un futuro mejor para ellos y sus familias. 

Allí, entre estos dos mundos, es que nace el encuentro; y los encuentros siempre son buenos, porque las personas se conocen y se reconocen como tales, aun no gustándose necesariamente. Los encuentros sirven para derrumbar los muros de odio y las fronteras de la mente; porque las culturas se pueden rechazar, pero el ser humano siempre hay que acogerlo en cuanto tal, como perteneciente a la misma raza humana y con la misma dignidad.

Entonces, nos queda el alivio del encuentro, por ejemplo de que Martha y Pepe por fin tendrán agua en la casa y esto les ayudará a mantener la higiene de su hogar y a criar a sus niños, tal vez, con menos enfermedades de piel; reducir su vulnerabilidad ante enfermedades transmitidas a través del agua; podrán tener un chance más de producir sus propias hortalizas en el jardín que con algún proyecto se habrá acondicionado.

Las historias de éxito, tan solicitadas por los financiadores, terminan visibilizando los casos particulares, sin importar el resto, el contexto ni la política dentro de la cual se ubica la acción y el peso de esta decisión, de estar o no estar respondiendo a ciertas dinámicas.

Después de 50 años de acción, podemos decir que las entidades competentes a nivel mundial para luchar contra el hambre en el mundo aún no han resuelto nada. Por cierto, han aliviado muchísimo capítulos trágicos de la historia, pero qué financiador seguiría dando dinero a una ONG que después de tanto tiempo aún no puede presentar cambios sustanciales, además de haberse puesto Objetivos del Milenio ella sola y no haberlos cumplido y volver a reiterar más o menos los mismos temas dándose autonomía para otros 15 años?

Una cosa es segura. Los pobres en cada país capitalista siempre existirán, porque el verdadero objetivo del sistema no es quitar la pobreza. La pobreza en el capitalismo es funcional, porque de otra manera no existirían los ricos. Los pobres también son funcionales a la clase política que puede más fácilmente comprarlos o convencerlos, regalando como favor personal lo que a estas personas les toca por derecho. Y así sucede que en la carretera te encuentras carteles con escrito: “Gracias Presidente, por habernos construido la escuela!” y te das cuenta de lo mucho que está radicada la mentalidad de subordinación.

En todo sistema, lo que se escucha en los medios de comunicación es siempre y sólo una parte. Aún son muy pocos los programas de cualquier tipo (científico, político, de análisis socio cultural) que exponen diferentes tesis o explicaciones. Quedan los talk-show entre políticos, pero no en período de elecciones, porque allí ya no salen los principios ni las ideas o interpretaciones de uno u de otro partido o intelectual, sino lo que le conviene a uno decir según las últimas estadísticas sobre el electorado.

Entonces, vamos a realizar acueductos, proyectos con paneles solares, ahora que va de moda la ecología climáticamente inteligente, como si lo que nuestros ancestros hacían no lo hubiera sido. Pero en un sistema que sigue favoreciendo las grandes multinacionales, la privatización del agua, el oligopolio del petróleo y que les sigue la marcha a los países que, sin firmar acuerdos climatológicos decisivos, imponen bloqueos unilaterales si el otro país reivindica tener voz y voto.

En este contexto se siguen poniendo fondos a disposición, según el tema del año, como en una lotería. Es esto que se ha vuelto la cooperación al desarrollo? Un lugar donde se favorece la competencia entre ONGs? Divide-et-impera es el lema no dicho que subyace detrás de frases bien conocidas como: “Hay mucha competencia para ganar estos fondos! Tienen que trabajar bien y poner como su intervención se articula con los planes… los ODS,…”.

Cómo podemos transmitir verdadera esperanza si seguimos cooperando de 9 a 5 de la tarde, compitiendo entre organismos internacionales y pequeñas ONGs para unos fondos que se vinculan a los mismos que no se comprometen a nivel de geopolítica internacional a favorecer mesas de diálogo donde siguen promoviendo privilegios?

Hay que salir de este contexto enfermo y que enferma, que crea técnicos y quita hombres y mujeres capaces de razonar integralmente y con un grado de cercanía al Otro que está en la necesidad.

El voluntariado desde temprana edad sigue siendo la mejor medicina para orientar la vida, en lugar de escoger un sistema que nos divide en miles de roles (mujer, profesional, hija, madre, estudiante, etc.) y poder vivir integralmente como personas de valor.

Ruptura y CambioArticuloComentario