Jóvenes, curiosidad e identidad.

Cristina Bianchi

Enseño italiano y cada sábado le pregunto a mis estudiantes qué han hecho en la semana, qué tienen que contar. Es una excusa para que practiquen el idioma y, tal vez, lo he cogido de mi papá cuando, sentados a la misma mesa para cenar, siempre nos preguntaba a mi hermano y a mí, qué cosas divertidas habían ocurrido en el colegio.

Mis estudiantes son adultos algunos y otros adolescentes, de 16 y 17 años. Son personas que no le tienen miedo a levantarse temprano los sábados en la mañana y venir a tomar 3 horas y medio de clase de idioma. Son personas curiosas y valientes. Sólo hay un aspecto que me preocupa mucho y es el siguiente: a la pregunta ¿Qué han hecho de interesante esta semana? Nunca nadie tiene nada que decir. Hay algunos que se han ido a la playa; otros que han llevado al cine a la hija pequeña; pero muchos responden: trabajo y nada más. Descanso. Parece que la vida es así de plana para todos, o muchos de los que considero parte de la clase media dominicana, tanto económicamente como intelectualmente. Por otro lado, lo que más me asombra y me asusta son los jóvenes: ellos están de vacaciones para la temporada de verano y siguen no teniendo nada que decir.

Es así que mis clases se convierten en una escuela de curiosidad. Les doy tareas semanales obligándoles a hacer algo nuevo, algo diferente: desde probar una comida nueva, a mirar una película y analizarla, hasta cualquier cosa que se les pueda ocurrir.

De verdad producimos jóvenes en serie, que no saben qué hacer si alguien no los manda? De verdad los adolescentes de hoy ya perdieron la curiosidad de descubrir? Cómo se transformaron de niños explosivos, tal y como son todos los niños en el mundo, a personas listas para aprender a hacer lo que les digan? De pronto estos nuevos ciudadanos votarán. Y qué tipo de razonamiento crítico utilizarán, si no tienen la curiosidad de hacerse preguntas, de descubrir lo que se esconde detrás de un discurso político hecho de promesas? Cuál es el país que tendrán en mente, si no les ha dado curiosidad de viajarlo, hablar con las personas que están sentadas en las esquinas pintando?

Cada uno de nosotros, sobre todo a los que ya tenemos nuestra vida hecha, debemos seguir cultivando la curiosidad; aunque a menudo sea más fácil quedarse con nuestras certezas, porque la curiosidad es el motor de la vida, porque a una pregunta es bueno responder con otra pregunta que eleva el nivel de la discusión, porque cuando uno deja de aprender es que se pone viejo.

Ruptura y CambioArticulo1 Comment