Los obstaculos de la izquierda dominicana

Celedonio Jiménez.

Me parece muy apropiado el interés que traduce el tratamiento del tema correspondiente al título arriba expuesto señalado por el Consejo de Redacción. Dado el sentido práctico presente en su proposición, me he inclinado por su abordaje.

Soy de los que cree que nuestra izquierda nació dispersa, y que además, factores muy concretos y trascendentales incidieron desde el inicio para que la práctica de la izquierda dominicana confrontara serios valladares en su desenvolvimiento. El triunfo de la revolución cubana en 1959 hizo que los Estados Unidos dispusieran sus mayores esfuerzos para que no se produjera una experiencia parecida en la República Dominicana ni en parte alguna del Caribe. El plan “Alianza para el Progreso” fue parte de lo que manifestamos.

Una mirada desde hoy, con la perspectiva de los años, puede facilitar un balance más o menos completo, pero demanda el debido cuidado para no “opacar” con críticas unilaterales todo el sacrificio y la entrega, en muchos casos de la propia vida, de tantos militantes de nuestra izquierda.

En nuestra opinión un serio y fundamental obstáculo que ha impedido un mejor desempeño de nuestra izquierda ha sido su gran dispersión y fragmentación, vale decir, su práctica que lejos de sumar y unir, resta y divide. Hemos tenido una izquierda muy ideologizada, que a pesar de las tantas experiencias nacionales e internacionales que demuestran que los procesos revolucionarios sólo han devenido en revoluciones triunfantes cuando han sido capaces de articular una unidad sólida, amplia y sincera. Esto es, cuando han podido entender que la unidad es el camino a la victoria y la división a la derrota.

Daño importante ha causado también a la izquierda dominicana su postura seguidista respecto a modelos y caminos de lucha, haciéndosele muchas veces imposible el “análisis concreto de la realidad concreta”, y por tanto, articular tácticas que se correspondieran con las distintas coyunturas nacionales y con las condiciones sociales, económicas, políticas y culturales reinantes en el país. 

El seguidismo internacional hizo en determinados momentos que se subestimara el conocimiento de nuestra historia, llevando esto aparejada la disminución del valor de figuras tan trascendentes de nuestra historia como Juan Pablo Duarte y Gregorio Luperón. En nuestro país la izquierda y sus militantes fueron leninistas, maoístas o fidelistas, pero escasamente duartistas o luperonistas.

El sentido de oportunidad no ha sido tampoco una prenda a exhibir por la izquierda. Pérdida de vida de líderes y militantes valiosísimos, estelares, se produjeron no sólo por la criminalidad y malevolencia del adversario político, sino también porque no se evaluó ni se escogió el momento indicado para emprender determinadas acciones patrióticas y revolucionarias. Al sentido práctico muchas veces se opuso el compromiso moral  de “actuar o morir”.  

 

Una serie de factores estructurales también jugaron su papel para impedir un mejor desempeño por parte de la izquierda. A este respecto se puede señalar lo siguiente:

1-    Dentro de la alta proporción de pobres e indigentes en la República Dominicana hay que destacar la significativa presencia de pobres de nacionalidad o ascendencia haitiana. Respecto a este sector la izquierda dominicana  no ha elaborado una estrategia para su  integración a la lucha, amén de lo difícil que la misma resulta en un país en que dicho componente étnico ha visto límites infranqueables a su participación política.

2-    El alto número de trabajadores pertenecientes al llamado sector informal de la economía. Estos trabajadores y trabajadoras que ocupan más del 56 % de la población económicamente activa se caracterizan por su dispersión, lo cual constituye un serio inconveniente para su organización.

3-    Respecto a las capas medias, si bien se habló de su “empobrecimiento” durante tiempos pasados recientes, habría que estudiar, lo que entiendo nunca se ha hecho, qué proporción de dichas capas está interesada en cambios profundos en el seno de nuestra sociedad. Acaso ¿quieren revolución los que se sienten poseedores de propiedad, aunque sean estas medianas o pequeñas? En ausencia de esa indagación, no tenemos explicaciones o respuestas exactas a la participación transitoria o temporal de muchos jóvenes en el quehacer revolucionario de la Republica Dominicana.

Frente  a lo antes dicho creo que se impone la definición de una clara estrategia de trabajo frente a los pobres, los pobres de ascendencia haitiana, los trabajadores informales y las capas medias nacionales.

Por último, y para cumplir con los límites establecidos para cada aportación, me limito a enunciar otros aspectos de la actualidad que operan como elementos desfavorables para el mejor desempeño de la izquierda dominicana: La marcada y masiva política clientelar desplegada por décadas por los gobiernos y partidos del sistema; la inclinación a emigrar al exterior por parte de la población, como “válvula de escape” del sistema; y finalmente, el predominio de un ambiente conservador en nuestra sociedad.