Contra la desigualdad que impera en el país: ¿reforma o revolución? - 1

Pedro A. Hernández

Primera Parte

¿Es posible transformar la opresión y explotación capitalista por medio de reformas, es decir, a través de conquistas económicas y políticas graduales, realizadas y obtenidas pacíficamenteen el marco del sistema electoral?

¿O por medio de una revolución, o sea, suprimiendo de manera abrupta la propiedad privada, eliminando el actual sistema electoral, el Senado, la Cámara de Diputados, y transformando la estructura del Gobierno y de la Administración Pública? 

Creo que “la lucha cotidiana por las reformas, por el mejoramiento de la situación de los obreros en el marco del orden social imperante y por instituciones democráticas ofrece un medio de participar en la lucha de la clase obrera y de empeñarse en el sentido de su objetivo final: la conquista del poder político y la supresión del trabajo asalariado”. 

Releyendo a Engels

En 1875, Carlos Marx estableció su desacuerdo con un programa reformista, en su Critica al programa de Gotha, pero veinte años después, en 1895, poco antes de su muerte, Engels escribió un nuevo prólogo para la reedición de Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850, de Marx. En ese prólogo Engels legitima la política reformista del Partido Socialdemócrata Alemán[1].

En ese prologo Engels expresa que “el método de lucha de 1848, de la Comuna de Paris, es anticuado en todos los aspectos, pues la burguesía y el gobierno han llegado a temer más a la actuación legal que la actuación ilegal del partido obrero, más a los éxitos  electorales que los éxitos insurreccionales. La razón evidente es que habían cambiado sustancialmente las condiciones de lucha: la rebelión al viejo estilo en forma de lucha en las calles con barricadas, que hasta 1848 había sido la decisiva en todas partes, aparecía ahora como considerablemente anticuada”[2].

El6 de marzo de 1895, en la Introducción al texto sobre Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850,Engels escribe:

Ya el "Manifiesto Comunista" había proclamado la lucha por el sufragio universal, por la democracia, como una de las primeras y más importantes tareas del proletariado militante… 

Y cuando Bismarck se vio obligado a introducir el sufragio universal como único medio de interesar a las masas del pueblo por sus planes, nuestros obreros tomaron inmediatamente la cosa en serio y enviaron a Augusto Bebel al primer Reichstag Constituyente. Y, desde aquel día, han utilizado el derecho de sufragio de un modo tal, que les ha traído incontables beneficios y ha servido de modelo para los obreros de todos los países.

La agitación electoral nos ha suministrado un medio único para entrar en contacto con las masas del pueblo allí donde están todavía lejos de nosotros, para obligar a todos los partidos a defender ante el pueblo, frente a nuestros ataques, sus ideas y sus actos; y, además, abrió a nuestros representantes en el parlamento una tribuna desde lo alto de la cual pueden hablar a sus adversarios en la Cámara y a las masas fuera de ella con una autoridad y una libertad muy distintas de las que se tienen en la prensa y en los mítines.

Con este eficaz empleo del sufragio universal entraba en acción un método de lucha del proletariado totalmente nuevo, método de lucha que se siguió desarrollando rápidamente. Se vio que las instituciones estatales en las que se organizaba la dominación de la burguesía ofrecían nuevas posibilidades a la clase obrera para luchar contra estas mismas instituciones. 

Como consecuencia del apoyo de Engels a la política reformista, Eduard Bernstein planteó abiertamente la conveniencia de revisar la doctrina política de los socialistas y en su libro Las premisas del socialismo y las tareas de la socialdemocraciadefendió un socialismo evolucionista que debía conquistar el Estado por la vía parlamentaria a fin de utilizarlo como palanca de reforma social hasta que llegue a un carácter completamente socialista[3].

Las posiciones exclusivamente reformistas de Bernstein lograron mucha influencia en los partidos socialdemócratas y socialistas europeos que, de hecho, abandonaron o dejaron de lado la estrategia revolucionaria. (Continuaremos).


[1]Juan Andrade, Fernando Hernández Sánchez. La revolución rusa cien años después. Ediciones Akal, S.A. España. 2017.

[2]Juan Andrade… Obra citada.

[3]Juan Andrade, Fernando Hernández Sánchez. Obra citada.