Contra la desigualdad que impera en el país: ¿reforma o revolución? - 2

Pedro A. Hernández

Releyendo a Lenin antes de la Revolución Bolchevique

En un artículo titulado Marxismo y reformismo, escrito en 1913, Lenin escribió:

“A diferencia de los anarquistas, los marxistas admiten la lucha por las reformas, es decir, por mejoras de la situación de los trabajadores que no lesionan el poder, dejándolo como estaba, en manos de la clase dominante. Pero, a la vez, los marxistas combaten con la mayor energía a los reformistas, los cuales circunscriben directa o indirectamente los anhelos y la actividad de la clase obrera a las reformas”.

“Si los obreros han asimilado la doctrina de Marx, es decir, si han comprendido que es inevitable la esclavitud asalariada mientras subsista el dominio del capital --continúa Lenin-- no se dejarán engañar por ninguna reforma burguesa. Comprendiendo que, al mantenerse el capitalismo, las reformas no pueden ser ni sólidas ni importantes, los obreros pugnan por obtener mejoras y utilizan las reformas para proseguir la lucha, más tesonera, contra la esclavitud asalariada”.

Las reformas son para Lenin un producto subsidiario de la lucha de clases revolucionaria: lo fundamental es la lucha revolucionaria, la lucha por la conquista del poder. Lo novedoso está en que Lenin atribuye a las reformas el carácter de elemento táctico, para ser utilizado por el proletariado victorioso en su estrategia de transformación revolucionaria de la sociedad. 

Lenin sostiene que "Antes del triunfo del proletariado, las reformas son un producto subsidiario de la lucha de clases revolucionaria. Después, constituyen, además, en el país en que aquél ha triunfado, una tregua necesaria y legítima en los casos en que es evidente que las fuerzas sometidas a la máxima tensión no bastaban para dar tal o cual paso revolucionario.”  

Pero con el triunfo de la Revolución Bolchevique de 1917 en Rusia, el credo reformista entró en descrédito.  Así, en la Tesis de abril, Lenin sostiene que antes los avances logrados desde febrero y contando con la existencia de los soviets como órganos para el ejercicio del poder, no tenía sentido optar por república parlamentaria burguesa.

¿Significó el triunfo bolchevique de 1917 el ocaso de las reformas y su sepultura histórica? El triunfo revolucionario bolchevique puso en descrédito las propuestas reformistas y las convirtió, por las condiciones particulares de Rusia, en opuestas a la revolución. Sin embargo, la alemana Rosa Luxemburgo mantuvo la lucidez y equidistancia necesaria para sostener que las reformas no son incompatibles con la defensa de una estrategia revolucionaria. 

 

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Releyendo a Rosa Luxemburgo

En “La reforma y la revolución”, señala Luxemburgo “no son distintos métodos de progreso histórico que puedan elegirse libremente en el mostrador de la historia, como cuando se eligen salchichas calientes o frías, sino que son momentos distintos en el desarrollo de la sociedad de clases, que se condicionan y complementan entre sí y al mismo tiempo se excluyen mutuamente, como el Polo Norte y el Polo Sur o la burguesía y el proletariado[1].

Según Luxemburgo, las reformas no tienen como efecto crear los “elementos” de la nueva sociedad dentro de la vieja, sino tan sólo mejorar las condiciones a partir de las cuales la clase que niega a la sociedad existente acumula fuerzas para liquidar esa sociedad”[2].

Por medio de reformas políticas se han alcanzado grandes hitos en la historia de la humanidad. Las reformas políticas y económicas han logrado reducir las desigualdades, la pobreza y mejorar las condiciones de vida de la población[3].

Muchos avances logrados en el capitalismo, como en la salud y la educación, contra la desigualdad y la pobreza, la inclusión social, o la protección del medio ambiente, se han podido alcanzar por medio de reformas políticas y económicas.

 

Límites de las reformas

Podría decirse que las reformas constituyen propuestas para el corto plazo, pero la persistencia y empeoramiento de los problemas sociales, obliga a luchar por ellas sin olvidar ni renunciar a las aspiraciones de más largo alcance, como es la propuesta de transformación del sistema capitalista.

No se trata de considerar que el capitalismo es un sistema reformable a través del parlamentarismo y las instituciones políticas del propio régimen capitalista. El sistema capitalismo, o no da, o da respuestas claramente insatisfactorias a los problemas de los seres humanos[4].Las reformas sociales no cambian la naturaleza de la sociedad capitalista. 

Las reformas sociales contribuyeron decisivamente a la efectivización de ciertos cambios dentro de la sociedad capitalista, pero hasta ahora la historia no registra un solo caso en que a partir de ellas se hubiera logrado trascender a este régimen de producción e instaurar una forma superior de organización económica y social. En consecuencia: hay que trillar el camino de las reformas sociales, pero sin olvidar las lecciones del pasado que enseñan que ellas no sirven para sustituir los parámetros básicos de los capitalismos realmente existentes[5].

 

El autor es activista social y profesor de la Escuela de Sociología de la Universidad Autónoma de Santo Domingo -UASD-.

 


[1]Fundación Federico Engels. Rosa Luxemburgo: Reforma o revolución.. Primera edición. Madrid, España. Septiembre 2002.

[2]Izquierda revolucionaria. Reforma o revolución. Introducción al libro de Rosa Luxemburgo. www.marxists.org/espanol

[3]Podemos, España. Documento final del programa colaborativo. Mimeo, s/f.

[4]Podemos. Obra citada.

[5]Borón, Atilio A. Democracia y reforma social en América Latina: reflexiones a propósito de la experiencia europea.CLACSO, Argentina. 2003