La relación infra y superestructura, piedra angular de la sociología marxista.

Luis Ulloa Morel.

Entre las múltiples facetas comprendidas dentro del pensamiento marxista, la visión materialista de la sociedad y de la historia ocupa un lugar decisivo. Todo el vasto corpusmarxista, entendido como tal no solo la producción fundacional de la pareja Marx-Engels sino también la infinidad de propuestas de sus continuadores –incluyendo autores y autoras que no se necesariamente se adhirieron formalmente al marxismo--, ha debido girar en torno a una formulación que pretende buscar un hilo conductor firme que permitiera explicar los hechos sociales … 

La propuesta según la cual  la base material de la sociedad constituye el factor condicionante central que permite explicar la dinámica social en su conjunto atraviesa toda la obra del marxismo original. Pero es sin duda en el archiconocido Prólogo de la Crítica de la economía políticade Karl Marx (1859) donde la tesis, o más exactamente el conjunto de tesis sobre de la relación economía con la estructura político-jurídica y las formas ideológicas de la cultura aparece con más claridad. Recordemos algunos elementos principales contenidos en el texto… 

“Mi investigación desembocó en el resultado de que tanto las condiciones jurídicas como Ias formas políticas no podían comprenderse por sí mismas ni a partir de lo que ha dado en llamarse el desarrollo general del espíritu humano, sino que, por el contrario, radican en las condiciones materiales de vida, cuya totalidad agrupa Hegel, según el procedimiento de los ingleses y franceses, del siglo XVIII, bajo el nombre de "sociedad civil", pero que era menester buscar la anatomía de la sociedad civil en la economía política. (…). En la producción social de su existencia, los hombres establecen determinadas relaciones, necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a un determinado "estadio” evolutivo de sus fuerzas productivas materiales. La totalidad de esas relaciones de producción constituye Ia estructura económica de la sociedad, la base real sobre la cual se alza un edificio jurídico y político, y a la cual corresponden determinadas formas de la conciencia social. El modo de producción de la vida material determina el proceso social, político e intelectual de la vida en general. No es la conciencia de los hombres lo que determina al ser, sino, por el contrario, es su 'existencia social lo que determina su conciencia.En un estadio determinado de su desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes o -lo cual sólo constituye una expresión jurídica de lo mismo- con Ias relaciones de propiedad dentro de Ias cuales se habían estado moviendo hasta ese momento. Esas relaciones se transforman de formas de desarrollo de las fuerzas productivas en ataduras de las mismas. Se inicia entonces una época de revolución social. Con la modificación deI fundamento económico, todo ese edificio descomunal se trastoca con mayor o menor rapidez.AI considerar esta c1ase de trastocamientos, siempre es menester distinguir entre el trastocamiento material de las condiciones económicas de producción, fielmente comprobables desde eI punto de vista de las ciencias naturales, y las formas jurídicas, políticas, religiosas, 'artísticas o filosóficas, en suma, ideológicas, dentro de las cuales los hombres cobran conciencia de este conflicto y lo dirimen. Así como no se juzga a un individuo de acuerdo con lo que éste cree ser, tampoco es posible juzgar una época semejante de revolución a partir de su propia conciencia, sino que, por el contrario, se debe explicar esta conciencia a partir de las contradicciones de la vida material, a partir del conflicto existente entre fuerzas sociales productivas y relaciones de producción. Una formación social jamás perece hasta tanto no se hayan desarrollado todas las fuerzas productivas para las cuales resulta ampliamente suficiente, y jamás ocupan su lugar relaciones de producción nuevas y superiores antes de que Ias condiciones de existencia de las mismas no hayan sido incubadas en eI seno de la propia antigua sociedad. De ahí que Ia humanidad siempre se plantee sólo tareas que puede resolver, pues considerándolo más profundamente siempre hallaremos que la propia tarea sólo surge cuando las condiciones materiales para su resolución ya existen o, cuando menos, se hallan en proceso de devenir. (…). Las relaciones de producción burguesas son la última forma antagónica del proceso social de la producción, antagónica no en el sentido del antagonismo individual, sino en el de un antagonismo que surge de las condiciones sociales de vida de los individuas, pero las fuerzas productivas que se desarrollan en el seno de la sociedad burguesa crean, aI mismo tiempo, las condiciones materiales para resolver este antagonismo”.

Sobre estas tesis llovieron críticas esperables pero quizás lo más penoso (pero también esperable) ha sido su interpretación mecánica, simplista, de muchos de quienes decían los seguidores.Las críticas más frontales venían desde luego de los tratadistas sociales que no podían explicar la historia más que como resultado de las voluntades de personalidades con capacidad de incidir y decidir; voluntades que se entretejían con hechos más o menos fortuitos. Hacer Historia era solo narración de hechos, seguramente relacionados entre sí pero sin apenas sustentación lógica. No creo que sea exagerado decir que antes de Marx no era posible entender científicamente la sociedad ni por tanto la historia.

En cuanto a parte de los seguidores de la tesis marxistas, el principal pecado ha sido su deficiente  interpretación, ante todo asumirla como fórmula simple resuélvelo-todo. Como dijo una vez Engels,  “La concepción materialista de la historia tiene muchos partidarios a quienes sirve de excusa para no estudiar historia”.

Marx y Engels eran conscientes de que lo que pretendían fundar no erauna física social, mucho menos una mecánica social. Por esto, una y otra vez tuvieron que volver sobre el tema. Por ejemplo, para explicar que la determinación de la base material sobre lo político-jurídico y sobre el mundo de las ideologías era una determinación de última instancia, un condicionamiento sin el cual era imposible explicar las características supra-estructurales y los móviles de la historia. Hay una dialéctica y no una mecánica: sin cambiaran las condiciones materiales de una población (lo cual por cierto no podrá ocurrir sin que hayan cambiado parcialmente la cultura y la política), deberá cambiar el orden jurídico y político y la cultura, pero no como acto reflejosino como tendencia central y como necesidad precisamente para que la nueva materialidad pueda darse continuidad.

Lo político, lo jurídico y las ideologías tienen vida propia, su relativa independencia y por tanto sus historias particulares. Ocurre sin embargo que no pueden sostenerse ellas por sí solas sin apoyarse en el mundo de lo que material de relaciones materiales que las condicionan. Dichas relaciones son relaciones de poder, en el fondo de clases y por tanto económicas. Un orden social determinado se sostiene porque se reproduce, y se reproduce porque, al menos en tiempos normales, es aceptado. Las crisis que amenazan la continuidad de un sistema social expresan la dificultad para reproducirse: ante todo para su reproducción material (dar continuidad a las relaciones de producción) pero también para reproducir su modelo político-jurídico y para ser aceptado por la población. Naturalmente, las crisis en estos distintos niveles nunca tendrán la misma intensidad y la misma velocidad de desarrollo. 

Según Marx, la dialéctica infra y superestructura se asienta en la dinámica interna del modo de producción: las fuerzas productivas se correspondencon determinadas relaciones de producción; pero el desarrollo de aquéllas “trastoca”, presiona–por así decirlo— las relaciones de producción al punto de que, en un momento determinado, se “inicia una época de revolución”. Por fuerzas productivas ha de entenderse al ser humano y su capacidad para producir (y no a las técnicas aisladamente consideradas, como algunos han pretendido). Este aspecto de la teoría materialista de la historia no siempre ha tenido buena prensa ni buena aplicación aun dentro del propio marxismo. Se ha pretendido que, puesto que el capitalismo ha desarrollado y se basa en el desarrollo más colosal hasta ahora conocido de las fuerzas productivas, quedaría desmentida la tesis marxista que hace de éstas un factor revolucionario (que “trastoca” las relaciones de producción), en la medida en el capitalismo ha mostrado capacidad, no solo de crear sino de absorber fuerzas productivas. La primera pregunta es hasta cuándo, desde el punto de vista de lahistoria universal. Por otro lado, ¿no está al capitalismo mostrando precisamente los límites de esa capacidad para integrar fuerzas productivas a su propio desarrollo como sistema, en la medida en que concentra galopantemente las riquezas en cada vez menos manos y deja cada vez más miles de millones de personas fuera del ciclo capitalista propiamente dicho –relación capital-trabajo— y mientras convierte a la inmensa mayoría de la población mundial –incluyendo por supuesto a los trabajadores— en súbditos del capital financiero?

En verdad, el gran capital de hoy sigue auspiciando y absorbiendo tecnologías, naturalmente, perosu interés no es que la gente incremente su capacidad productiva sino su capacidad de consumo y de atarse financieramente. El capitalismo muestra hoy más que nunca su capacidad para destruir al ser humano y a la naturaleza, como predijo el propio Marx.

Muchos de los  errores cometidos a nombre del marxismo expresan falta de creatividad,  pero me atrevo a afirmar que otros muchos se han debido adéficitde marxismo. En la década de los años 30 del siglo pasado en la Unión Soviética se decidió la socialización forzada del agro. Significó el abandono la Nueva Política Económica aplicada bajo la dirección de Lenin. Como se sabe, esta última tenía el propósito de auspiciar el desarrollo de las fuerzas productivas, en un país reconocidamente atrasado. Sabemos de las consecuencias trágicas de esta socialización forzada. La razón está en la tesis marxista sobre la dialéctica entre las fuerzas productivas en las relaciones de producción: el estado de las fuerzas productivas de entonces no permitían el salto a la modalidad socialista que se quiso implantar a la fuerza. Otro tanto puede decirse del  Gran Salto Hacia Adelante decretado en la República Popular China: la pretensión de pasar al socialismo industrial (centrado en la producción masiva de acero en abandono, en gran medida, de la agricultura), en una nación mayoritariamente campesina y analfabeta…

 Buena parte de las revoluciones de inspiración socialistas fueron incompletas (o deformadas) en la misma medida que sustituyeron viejos mandos políticos  burocráticos por nuevos mandos burocráticos: en esto consistió la revolución política. En cuanto al nuevo mundo ideológico (el nuevo ser humano a auspiciar), no siempre se quiso entender que no llegaría sin la más concienzuda, permanente y metódica acción. En los países de Europa del Este, con la caída del “socialismo” se puso de relieve lo espantosamente escaso del sedimento humanista que se suponía debió dejar dicho régimen.    

La teoría marxista sobre la dialéctica de la economía y entre ésta y la superestructura es un marco que merece una cuidadosa observancia por parte quienes pretendan entender la sociedad y sobre todo transformarla. Autores como Lenin, Antonio Gramsci, Lukács y buena parte de los de la Escuela Crítica –y no hablemos de los propios Marx y Engels— han contribuido a precisar la naturaleza de este marco. Se trata de una herramienta teórica para el análisis y para viabilizar y dar sentido a la acción revolucionaria. 

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El autor es activista político y cultural y profesor de la Facultad de Ciencias de la Educación y de la Escuela de Filosofía de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.