Capitalismo, pobreza y Estado burgués

Ángel Pichardo Almonte

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Ruptura y Cambio tiene como uno de sus  propósitos aportar a un pensamiento de izquierda para contribuir al posicionamiento ideológico en el accionar político del movimiento revolucionario.

Una de las formas de aportar a este objetivo es develar y denunciar las diferentes prácticas de manipulación y control utilizadas en este sistema capitalista, que buscan desviar la atención de las raíces de las injusticias y tratar de que las personas manipuladas se concentren en la búsqueda de soluciones individuales a los problemas colectivos.

Uno de los grandes problemas profundizado  y perpetuado por el capitalismo es la pobreza, sin embargo, al tiempo de ser ésta el resultado de la injusta distribución de la riqueza socialmente producida, se promueven acciones y valores que tratan de convencer a las personas de que la salida a su situación de miseria es individual y que solo depende de su actitud frente a ella, en tanto la acepta como castigo divino, que depende también de cómo se aprovechan las oportunidades o hasta de la suerte para "pegarle" a un premio de lotería.

Estas prácticas buscan promover las acciones individuales y ocultar la búsqueda de soluciones colectivas a un problema creado por las élites económicas. Y contribuyen a ocultar las maniobras que se realizan para que las personas no se organicen en pos de una solución colectiva a estas desigualdades sociales generadas por el capitalismo.
Desde un posicionamiento revolucionario debemos identificar los distintos mecanismos utilizados para la expropiación de los bienes colectivos, así como las formas como las élites financieras se apropian de estos recursos, y los instrumentos que utilizan para justificarse y permanecer en esa posición de ventaja económica que perpetúa las desigualdades sociales y económicas.

Uno de los mecanismos que las élites financieras utilizan para servirse y preservar el control de los bienes colectivos son las instituciones del Estado que les garantizan "la legalidad" de sus acciones, permitiendo que sus operaciones de robo, expoliación y explotación tengan el amparo legal dentro del marco institucional. Es decir, el sistema institucional legal está al servicio de las élites económicas a través de leyes, mecanismos y acuerdos que le garantizan su estabilidad y funcionamiento.

Es por esta razón que los sectores financieros buscarán siempre las formas de garantizar que sus representantes políticos controlen las instituciones del Estado para que estas sigan al servicio de sus intereses económicos, haciendo cumplir un anillo vicioso de: mientras más dinero acumulado por las élites económicas, más control político de las instituciones, más leyes acorde con sus intereses particulares y otra vez más ganancias, hasta repetir una espiral que al tiempo de ir agrandando su poder económico y control de las instituciones estatales va disminuyendo la posibilidad de una vida en equidad y democracia.

A mayor concentración de riquezas, mayor control institucional, más poder para manipular a las personas y, por lo tanto, mayor pobreza y desigualdad.

Identificar a las élites financieras que se apropian de la riqueza socialmente producida, develar su accionar de manipulación y promoción de valores egoístas,  y denunciar a las instituciones políticas a su servicio, son de las grandes tareas que el movimiento revolucionario tiene por delante para forjar un proceso de transformación de este sistema capitalista perpetuador de las desigualdades sociales, enemigo de la humanidad y de la naturaleza.