Esta insolente desigualdad social clama por ruptura y cambio.

La desigualdad se fundamenta en una relación social en la cual unos integrantes minoritarios de la sociedad, en virtud del uso del poder, adoptan un estatus o posición de“superioridad”  y condenan a la mayoría a un estatus de “inferioridad”: unos dominan y otros son dominados. 

En el año 2015, las 62 personas más ricas del mundo tenían la misma cantidad de riqueza que más de 3,600 millones de personas. Desde inicio del siglo XXI, la mitad más pobre de la población del planeta apenas ha recibido el 1% del incremento total de la riqueza, mientras el 50% de la nueva riqueza producida ha ido a parar a manos del 1% más rico[1]. ¿Es eso justo, amigo y amiga lector?

Los 1,810 milmillonarios de la lista Forbes de 2016, de los cuales el 89% son hombres, poseen en conjunto 6,5 billones de dólares, la misma riqueza que el 70% de la población más pobre de la humanidad[2]. ¿Da eso una idea de quienes son los causantes de la pobreza?

Según el premio nobel de economía, Joseph Stiglitz, los seis herederos de la famosa cadena de supermercado Wal-Mart, de los Estados Unidos, son titulares de un patrimonio de 69,700 millones de dólares, lo que equivale al patrimonio del 30 por ciento inferiores de la sociedad estadounidense[3]. ¡Cómo nos engañan cuando nos repiten que Estados Unidos es un país democrático! Bueno, quizás sea verdad, es un país democrático… para los ricos.

Mientras los ingresos de la mayoría de los presidentes y altos ejecutivos de grandes corporaciones (con generosas retribuciones en acciones como complemento) se han disparado, el salario del trabajador o del productor medio apenas ha aumentado, y de hecho en algunos casos incluso se ha reducido. El director general de la principal empresa tecnológica de la India gana 416 veces más que un trabajador medio de su misma empresa[4]. Eso ocurre en todos los países capitalistas. ¡Barbaridad!

La desigualdad económica y social ha existido desde hace miles de años: existió en las sociedades esclavistas, de castas, y la feudal, y existe en la sociedad capitalista actual, pero se ha profundizado a partir de los años 70 del siglo pasado como resultado de la imposición del modelo político neoliberal.

Con el triunfo del modelo neoliberal aumentó la concentración económica y la exclusión de vastos sectores de la población, como resultado del congelamiento de los salarios de los trabajadores y de drásticos recortes en los presupuestos de los gobiernos dedicados a políticas de salud, educación y protección social; y de políticas fiscales o impositivas regresivas, es decir, favorables a las y los empresarios y otros poseedores de grandes riquezas. Ya escribiremos acerca del perverso neoliberalismo.

Como escribe el sociólogo sueco Goran Therbon: la desigualdad “puede adoptar múltiples formas y tiene múltiples consecuencias: muerte prematura, mala salud, humillación, subyugación, discriminación, exclusión del conocimiento o de la vida social predominante, pobreza, impotencia, estrés, inseguridad, falta de confianza en uno mismo y de amor propio, exclusión de las oportunidades que ofrece la vida”[5].

La desigualdad influye en un incremento de la criminalidad y de la inseguridad ciudadana, en el aumento de presos en las cárceles, en el incremento de las enfermedades, la disminución de la esperanza de vida, en la violencia intrafamiliar, asesinatos de mujeres por sus maridos, fomenta un crecimiento de los embarazos en adolescentes, el abandono escolar, las frustraciones individuales y la agresividad en las relaciones interpersonales (Báez, Carlos Julio. Desigualdad y clases sociales).

 

La desigualdad en República Dominicana

En la República Dominicana, como en todos los países capitalistas, la desigualdad se ha incrementado. Pese a que la economía ha crecido de manera sostenida en los últimos años, el mediocre ingreso real de los asalariados  se ha deterioro en más de un 27%. Asimismo, la participación de la remuneración de los trabajadores en el PIB nacional bajó de un 47.2% para el año 2000, a tan sólo un 24.3% en el 2013, es decir, de cada 100 pesos generados por la economía, sólo 24 se usaban parar remunerar a los obreros y empleados[6]. No obstantes esos datos, los empresarios dominicanos son tan descarados y cínicos que se atreven a decir que siguen las enseñanzas de Cristo y que le tienen amor al prójimo. 

La precariedad de los ingresos es notoria en República Dominicana. Solo el 5% de los trabajadores gana salarios por sobre los RD$40,000. Un 80% de los trabajadores obtiene ingresos por debajo de los RD$20,000. El 50% de los ocupados recibe ingresos inferiores a los RD$9,000 mensuales. El 63.1% de los ocupados recibe un ingreso mensual inferior a la canasta familiar del 1er quintil de ingresos (20 por ciento de la población con menores ingresos)[7]. ¡Y así no quieren los empresarios y el gobierno que los trabajadores hagan huelgas, su mejor manera de defender sus derechos!

Según datos del Ministerio de Economía, Planificación y Desarrollo (2016), el 30,5% de la población se encuentra en situación depobreza,es decir, mucho más de tres millones de personas.

Como anota el economista dominicano Pavel Isa Contreras, “Algunas de las causas más inmediatas de la pobreza y sus manifestaciones son un insuficiente ingreso y un empleo precario; servicios de salud de baja calidad y dificultades de acceso de la población por congestionamiento, distancia o altos costos; servicios de educación de baja calidad o difíciles de acceder por las mismas razones; falta de cobertura de la seguridad social en extensión y también en profundidad (p.e. pocos servicios y medicamentos); programas de protección social insuficientes y/o que no enfrentan las causas de la pobreza; incapacidad y existencia de barreras para adquirir activos productivos como tierra, inmuebles o equipos; no tener documentación por no haber sido registrado o registrada al momento de nacer, lo cual impide acceder a la educación y al trabajo formal”[8].

 

Causa de la pobreza y la desigualdad

La causa principal de la pobreza es la desigualdad, y la causa fundamental de la desigualdad es la explotación económica que realizan los empresarios contra las y los trabajadores al pagarles bajos salarios. 

En efecto, como muy bien apunta el economista español Vincenc Navarro, los beneficios empresariales, la actividad financiera especulativa, la desregulación y los bajos impuestos para los que tienen más renta y patrimonio se basan en la reducción de los costes de producción por la baja del precio del trabajo, es decir, de los salarios (Ver Carlos Julio Báez, Desigualdad y clases sociales). 

En términos muy sencillos, la desigualdad se produce a través de lo que Carlos Marx llama plusvalía, es decir, el valor que las y los trabajadores crean por encima del valor de su fuerza laboral y que se apropian los empresarios.

 

Ruptura y cambio contra la desigualdad

La desigualdad  no ha existido siempre ni es para siempre, se transforma, pero para cambiarla es necesario romper el sistema capitalista o, por lo menos, romper y cambiar las relaciones de producción capitalistas basadas en la propiedad privada de los medios de producción. Cambiar la propiedad privada de los medios de producción, por ejemplo, por un sistema de propiedad social o economía solidaria.

Un sistema de economía solidaria, para decirlo en términos muy esquemáticoS, es una manera de vivir y de trabajar de forma solidaria y participativa teniendo como base la propiedad común o colectiva de los medios de producción, es decir, de la tierra, las fábricas, las industrias, las minas, y todo tipo de empresas de producción y de servicios.

Es un sistema de producción, distribución y consumo de bienes y servicios centrado en el ser humano y orientado por prácticas solidarias y colaborativas entre las personas y con la naturaleza, mediante la autogestión, la educación liberadora, la equidad, la ayuda mutua, la cooperación, la transparencia y el compromiso con la comunidad y el medio ambiente para lograr el bien común.

¿Se podría disminuir la desigualdad y transformarla a través de reformas políticas o hace falta una revolución?

Al tema de la reforma o la revolución dedicare los próximos artículos. No dejen de leerlos.

 

 

 

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TEXTOS CONSULTADOS

Carlos Julio Báez Evertsz. Desigualdad y clases sociales. Editorial Betania. Colección Ensayo. Madrid, España, 2016.

 

Joseph Stiglitz. El precio de la desigualdad. El 1 por ciento de la población tiene lo que el 99 por ciento necesita. Editorial Taurus. México. 2012.

 

OXFAM. UNA ECONOMÍA PARA EL 99%. Es hora de construir una economía más humana y justa al servicio de las personas. www.oxfam.org

 

Pavel Isa Contreras. La pobreza y el poder. www.el caribe.com.do/2018/06/02.

 

 

 

Parte de atrás de varias viviendas de un barrio pobre de Villa Altagracia, República Dominicana

 

 

Mujeres de una comunidad pobre del Distrito Nacional, Republica Dominicana, reciben clases en plena calle por falta de un centro educativo

 

[1]Carlos Julio Báez Evertsz. Desigualdad y clases sociales. Editorial Betania. Colección Ensayo. Madrid, España, 2016.

[2]OXFAM. UNA ECONOMÍA PARA EL 99%. Es hora de construir una economía más humana y justa al servicio de las personas. www.oxfam.org

[3]Joseph Stiglitz. El precio de la desigualdad. El 1 por ciento de la población tiene lo que el 99 por ciento necesita. Editorial Taurus. México. 2012.

[4]OXFAM. Obra citada.

[5]Carlos Julio Báez Evertsz. Obra citada.

[6]Fundación Juan Bosch.“Ser justos es lo primero…” La crisis de los trabajadores dominicanos bajo el actual modelo económico y los desafíos de una reforma al Código de Trabajo para más justicia y prosperidad. Informe de análisis y propuestas.Ediciones Fundación Juan Bosch, Santo Domingo, 2015.

[7]Fundación Juan Bosch. Obra citada.

[8]Pavel Isa Contreras. La pobreza y el poder. www.el caribe.com.do/2018/06/02.