Utopía y Realidad Social

La utopía, desde Moro, pretende ser una representación de la sociedad política ideal que tenga resueltos los problemas sociales cardinales que enfrentamos los humanos en cada momento histórico en que aparece una propuesta de esta índole. La etimología de la palabra “utopía” marca su limitación, y deja asentado que la quimera es un no lugar, un lugar inexistente, un imaginario. En Wikipedia se puede identificar las dificultades del término, y se aclaran algunas restricciones que nos servirán para plantear un marco de reflexión: poseen un carácter fantasioso e ingenuo, están históricamente condicionadas, provocan estancamiento social, lindan con el totalitarismo, son sarcásticas.

El siglo XIX inicia una nueva racionalización en la formulación de propuestas utópicas creando tendencias de pensadores que algunos los han denominado socialistas utópicas (Blanqui, Saint-Simon, Fourier, Owen, Proudhon). Las propuestas variaban siendo su punto de partida la sociedad capitalista y sus problemas. La diferenciación de los socialistas utópicos con el designado socialismo científico de Marx y Engels era la centralidad que estos autores le daban al trabajo y a la lucha de clases. A juzgar por las restricciones indicadas anteriormente, las utopías en el siglo XIX respondían más a la realidad. Y es que eran producto de la creencia de que la ciencia social era posible y deseable, además de tener una confianza en la racionalidad occidental; eran pensadores ilustrados y optimistas que creían en el universalismo de la razón. Entendían al cambio social como resultado de un proceso de modernización, evolutivo, progresivo e inevitable (Garrido, et. al., 2009).

Mas adelante, el siglo XX nos trae las experiencias practicas de intentar hacer realidad la utopía de la sociedad socialista. El grado de complejidad de este asunto no podrá ser abordado en estas líneas, -por lo cual daremos varios saltos- pero el tema plantea las paradojas emergentes del mundo de las ideas (utopías) y la realidad social. ¿Qué aconteció en el denominado socialismo real? Digamos que en esos países se creó una hipertrofia estructural en las burocracias estatales o de partido, y cuya razón de sentido se sustentaba en una ideología que promovía el partido único -otra forma de totalitarismo- en sus expresiones mas ambiguas de la reproducción del estado-nación (clientela, favoritismo, corrupción estatal, violencia y discriminación de estado), y una clase mesiánica -el proletariado-, dotada de las herramientas intelectuales y prácticas que le iba a permitir propulsar la transformación del sistema capitalista. Bajo estos lineamientos, la supuesta democracia socialista se tornaba en tiranía del proletariado. En realidad, este proyecto poseía todos los ingredientes para un desastre

político de magnitudes insospechadas.

La hiper-burocratización del bloque socialista estaba acompañada de esfuerzos significativos en la formación de élites,-acción que promovía una fase de estancamiento- mientras se descuidaron de su poderoso adversario, el mundo capitalista de occidente, que fue desarrollando sus fuerzas productivas, sus estructuras de mercado, su cultura y su sociedad a la par, primero de un estado del bienestar (creando programas sociales que combatieron el desempleo y la pobreza, EUA), y de los nuevos designios de expansión capitalista hacia adentro y hacia afuera. Luego el mundo de la postguerra se arma sobre la sombrilla auspiciadora de las instituciones

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creadas en Bretton Woods, que ayudaran a coordinar los procesos de globalización del capital. En el horizonte de esta época todavía no se vislumbraba los impactos de las ciencias y la introducción de nuevas tecnologías (la mecánica cuántica vía la informática, el internet, la biotecnología, la nanotecnología, la biología molecular, las neurociencias, etc.), que en el futuro cercano habrán de provocar modificaciones sustanciales en la estructuración del capitalismo postindustrial y la sociedad de la información. Es así como en el año 1989 se sella la fecha histórica del reconocimiento de la derrota del socialismo de estado con la Perestroika, y este hecho deja el espacio libre para la difusión de una cultura global de consumo, y el imperio de la ideología neoliberal.

Luego de un balance de las reflexiones utópicas marxistas predominantes en el siglo XX, y el establecimiento de un mapa de nuevos pensamientos críticos, Keucheyan (2013), acoge las ideas de Perry Anderson (1992) cuando este último habla de cuatro

destinos posibles. El primero destino del socialismo, el olvido. Aquí señala la experiencia del estado jesuita del Paraguay en el siglo XVII y XVIII, recordando que los jesuitas “repartían equitativamente las parcelas y respetaban las costumbre y las lenguas indígenas”. El segundo, el socialismo como objeto de una profunda reformulación. El tercero, ver las experiencias de forma acumulativa donde se considere la continuidad, y la superación de los modelos. Y el cuarto, seria evolucionar en la dirección de acoger e integrar características de doctrinas rivales, dándole mucho respeto a las libertades individuales.

Las experiencias concretas de las utopías marxistas en Latinoamérica, el caribe y la República Dominicana serán motivo de otras reflexiones en otros artículos.