Si gobernáramos nosotros…

Luis Ulloa Morel.- ¿Nosotros quiénes? Nosotros y nosotras designa aquí a las gentes que impugnamos la porquería de sistema social vigente, incluyendo desde luego la actual República Dominicana y al partido de gobierno, y a los grupos a los que les sirve, pero también a los partidos mayores que buscan gobernar… Se supone (yo más bien lo afirmo) que somos otra cosa. Me refiero, pues, a la izquierda política y social y al progresismo. Que eso todavía no lo aclara todo lo sé muy bien, pero dejemos a un lado por ahora cualquier exceso de preocupación semántica: ya he dicho que me refiero a quienes impugnamos el actual régimen social, y, se requiere alguna precisión mas, digamos que pretenderíamos una superación en favor de las clases y sectores a los que les hacen hoy la vida más difícil y bajo constante amenaza…

El ejercicio mental que propongo –hacernos de cuenta que gobernamos-- ¿no es más bien una confesión de impotencia (política, se entiende), un diletantismo de quienes tendrían que conformarse con meras ilusiones, con poco menos que esperanzas vacías? ¡Objeción! Soñar no solamente no cuesta nada sino que, además de un derecho humano, es también una manera de acercar realidades. Creo que es la falta de sueños uno de los factores que nos alejan de mayores logros. Pero que sean sueños “realistas”, reclamarán. Concedamos que  sí, que hay que ser realistas, aunque confieso que el “realismo” a mí, personalmente, se me hace bastante complicado, entre otras razones porque no domino muy bien el concepto.

Si gobernáramos nosotros, supongo que tendríamos que manejar con “realismo” (como yo lo entiendo) la inevitable tensión que suele enunciarse con aquello de la guitarra y el violín. Los hechos mondos, lirondos y crudos nos condicionarán, a menudo de manera muy seria y amenazante. Hechos las mas de las veces nada inocentes sino por el contrario provenientes del oficio de la oposición. (De todos modos, ¿no suena bien eso de que el gobierno somos nosotros y “otros” ocupan la oposición?).

De gobernar nosotros, seguramente que lo primero que nos daría en la cara sería esto que todos sabemos o deberíamos saber: que los mayores obstáculos no son principalmente técnicos sino sociales, es decir políticos, económicos, culturales.  Desde luego que también habrá dificultades técnicas, en el saber hacer (pregúntenle, v. g.,  a la bolcheviques), propias buena parte de las impericias de quienes nunca han gobernado; pero los traspiés y torpezas de naturaleza técnica se superan, unas, terminando de tomar el piso y otras haciéndose ayudar por quienes sí saben. Gobernar es sobre todo vérselas cara a cara con resistencias sociales de todo género, ante todo de quienes suponen, con o sin razón, que lo que hacemos o pretendemos hacer no cuadra con sus intereses. 

Pongamos (no me pregunten como llegaría a ocurrir) que nos toca gobernar, aquí y en estos tiempo, en Dominicana. ¡Por fin podremos poner manos a la obra con nuestros planes! Rápidamente, sin embargo, constataremos con estupor dos cosas que también ya sabíamos: una, que aquí se ha hecho mucho pero que se ha hecho para que no sirva o sirva poco, y, dos, que todo forma parte, como quien dice, de un solo gran problema. Un verdadero lío para nosotros, empeñados en la búsqueda de soluciones reales. Obviamente, como haría el monstruo aquel, habrá que ir por parte, o más exactamente por etapas. Nuestra superioridad, si es tal, no consistirá  en auspiciar soluciones rápidas sino verdaderas.

De gobernar nosotros, muy pronto nos harían sentir que a ciertos sectores, los de siempre, les parecerá que se trata de una aberración histórica y hasta contra natura eso de que gobiernen los otros de ellos. Y que eso debe tocar fin. Por esto, entre otras razones, un gobierno de nosotros no puede ser solo nosotros sino también de muchos otros más. Para ello, esos muchos otros más tienen que ver, sentir y comprobar que quienes gobiernan sirven para mucho más que para haber llegado a tomar las riendas del Estado formal.

De llegar a gobernar desde el Estado, tal vez descubriríamos que en verdad lo único –aunque ciertamente fuerte— que ha pasado es que nos hemos colocado en mejores condiciones para servir de algo. Que solo nuestra estrechez mental nos impedía antes algún ejercicio de gobierno en cualquier lugar, momento o circunstancia y en algún nivel. Que precisamente esta estrechez y la práctica correspondiente siempre conspiraron contra la búsqueda de llegar a gobernar en grande.  

Seguiremos dándole al tema…

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