De lo saqueado a la humillación.

I0000icBTxCZpNRg.jpg

Ángel Pichardo Almonte

En estos tiempos, es frecuente ver la afrenta a la dignidad humana en la que se ha constituido la forma en cómo el gobierno, a través del Plan Social de la Presidencia, reparte raciones alimenticias por motivo navideño. Varias acusaciones son lanzadas al pueblo que lo revictimizan, porque se echa la culpa del desorden imperante en estas actividades.

Aunque se quiera disfrazar con discursos y palabras vacías que simulan “solidaridad y compromiso”, la forma desordenada, violenta y despreciable del clientelismo de estado, desdice mucho de la actitud de solidaridad y el deseo de compartir con las personas empobrecidas.

Se recuerda las múltiples personas que resultan heridas y lastimadas por la forma descaradamente indigna en que se distribuyen las raciones.

Con esto lo que se busca es ir mutilando la dignidad y la vergüenza del pueblo humillado.

Hacerles sentirse mal, y sobre todo, ponerles a competir para que se imponga la fuerza y la trampa.

Este fenómeno no es reciente, recuerdo que en los años 70s era frecuente ver a vehículos rotulados con la famosa “cruzada del amor”, que dirigía la hermana del entonces Caudillo de la época, Joaquin Balaguer, lanzar juguetes a niños y niñas que corrían despavoridos tras los referidos vehículos, tratando de alcanzar un pequeño juguete que le alegrara sus fantasías. Hoy día, podría pensarse que, más de 40 años después, son las mismas personas, hoy adultas, que corren tras los camiones con raciones de alimentos, es como si, a través del tiempo se contribuyó sistemáticamente a entrenar en recibir de estas formas y mutilar la dignidad y respeto de varias generaciones, a las que se le debe hacer sentir que son peores que animales, constituyendo estas acciones en un cuadro dantesco de ignominia y desverguenza.

Es como si se burlaran de un pueblo, al que históricamente le han saqueado todas las riquezas y oportunidades, para confirmar la grosera frase de que “al dominicano le gusta que le den”. No, ante estas acciones de falta de respeto a la dignidad del pueblo dominicano, debemos hacerle frente con decoro y valentía. No esperar que las raciones caigan de los camiones como virutas o migajas, sino, bregar por el rescate de la dignidad mancillada, informar y formar que al pueblo saqueado no se le entretiene con migajas, organizar para lograr comprender y cambiar que estas situaciones de pobreza y miseria son el resultado de un saqueo constante de las riquezas socialmente producidas, que nadie debe ser tratado mal ni humillado. Que la gran mayoría pueda comprender que cualquier cosa que “le den” es una “borona” dejada caer por la “cotorra” del sistema, un sistema llamado capitalismo, que promueve políticos corruptos, que producen leyes para amparar empresas mafiosas, y que sobre todo, reproduce la miseria, empobreciendo a las grandes mayorías.

Un sistema político económico y social que por su forma de acumulación de riqueza, basada en la explotación y el saqueo, es un sistema enemigo de la humanidad y por lo tanto, culpable del dolor y la amargura de los pueblos.

Recordar y rechazar cualquier forma de clientelismo es tener una postura clara frente a los esquemas utilizados por políticos de derecha que utilizan la pobreza y la ignorancia para sus beneficios individuales. Denunciar permanentemente, que estas formas de “regar” las raciones, como si fueran la borona que deja caer la cotorra, es una forma de entretenimiento, de esperar desde arriba y conformarse con la suerte de recibir lo poco, cuando la solidaridad y el compartir esperanza nos pueden conducir jubilosamente al encuentro de reconocer y saber que lo que produce el pueblo es del pueblo. Y que todo, absolutamente todo lo producido por el colectivo es de todos y todas, no de un grupo de miserables que se burlan desde sus mansiones y yates del pueblo empobrecido, manipulado y humillado.

Quien piensa en el pueblo, lo quiere, lo venera y lo defiende. Quien piensa y respeta a su pueblo no lo saquea, ni lo humilla con juguetes o migajas lanzadas, ya sea de la “cruzada del amor” o de un mal llamado “Plan Social de la Presidencia”