Migraciones, fronteras y xenofobia

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Ángel Pichardo Almonte

En los últimos meses, y a propósito del pacto internacional sobre migraciones, auspiciado por Naciones Unidas, hemos visto cierto auge de la manipulación nacionalista y xenófoba.

Basta recordar cómo cada vez qué hay un tema de trascendencia para denunciar y hacer frente a este mal gobierno, se promueven una serie de post y mensajes manipulados y hechos vírales por las redes, y que, en cierto punto, ha llegado a calar en una cantidad significativa de personas, que asumen inconscientemente posturas de rechazo a las personas migrantes.

Por otro lado, y utilizando un chantaje “nacionalista” han provocado que muchas organizaciones, incluso de izquierda, y grupos progresistas se coloquen en una posición de arrinconamiento y hasta han llegado a cambiar su discurso relacionado a los temas relacionados a las migraciones y han abandonado el internacionalismo, asumiendo posturas confusas de defensa de un nacionalismo a ultranza.

Se precisa reconocer que las migraciones son un fenómeno presente en la larga historia de nuestra humanidad, toda la vida ha sido producto de moverse de un lugar a otro. Y no solo migran los seres humanos, la naturaleza tiene particulares formas de provocar y generar migraciones de especies animales y vegetales. Un ejemplo de esto son los huracanes que, con sus fuertes vientos, hacen migrar millones de semillas para repoblar y diversificar las especies de un lugar a otro.

Las migraciones permitieron que grandes extensiones y nuevos continentes surgieran producto de las largas caminatas y búsqueda de nuevos espacios para la vida.

Desde los homínidos hasta los ejércitos de ocupaciones y conquistas. Desde las hordas que atravesaron grandes estepas de hielos hasta marineros que recorrieron mares e instauraron colonias de ultramar. Las migraciones, por un lado, han estado asociadas a las guerras y ocupaciones y por otro, a las víctimas que son lanzadas a buscar nuevo suelo.

Todas las personas, sin importar el lugar dónde hayan nacido, tienen a África como su origen común, es un árbol genealógico que podría describir los largos caminos de migración, adaptación y transformación de los distintos lugares del planeta por dónde nuestros antepasados transcurrieron, se quedaron o continuaron migrando.

La historia de la humanidad es una historia de quedarse y de adaptarse, de caminar y migrar, de moverse y transformar. Esa también es nuestra historia, una historia de migraciones.

En el contexto mundial actual debemos comprender que hoy, los grandes grupos de migrantes que son empujados a abandonar sus familias, lo hacen no por el legado de aventura presente en los seres humanos, sino, que responden a las situaciones de guerras y pobreza que los imperios y el sistema capitalista han desarrollado a través del tiempo, y este saqueo constante de los distintos países ha provocado una gran miseria que deja sin futuro ni esperanza a un sinnúmero de personas que más que migrantes, por las consecuencias directas en sus vidas y las de sus familiares, deberían ser llamados refugiados.

No es posible comprender el desgarro humano generado por las guerras que obligan y generan grandes desplazamientos de miles de personas. Igual situación a la de las guerras lo genera la pobreza, que mata lentamente a las familias. Una escandalosa y vergonzosa pobreza provocada por las élites financieras y comerciales que en los países que son emisores de migrantes se roban para sí cerca del 90% de las riquezas producidas.

Esos, las élites económicas, el sistema económico y el imperialismo europeo y norteamericano que hoy son llamados primer mundo, han provocado en países emisores de migrantes las grandes avalanchas de personas en búsqueda de un mejor porvenir para sus seres cercanos. Ya sea por una condena a muerte producto de las guerras de invasiones y dominios económicos territoriales o ya sea por la pobreza impuesta y generada por el secuestro de las riquezas por parte de una pequeña élite.

En ese sentido, desde posturas que tratan de buscar y promover la comprensión de estos fenómenos como forma de bloquear la manipulación que promueve la xenofobia, se debe desarrollar una postura clara de denuncia al sistema económico que hoy genera las migraciones forzadas. Es el injusto sistema capitalista que ha acentuado la crisis humanitaria en el planeta y en relación a las migraciones le ha aumentado su matiz de desplazados y refugiados.

La paradoja de las migraciones forzadas encuentra su más alto nivel de cinismo en las llamadas fronteras, la cual se constituye en una gran limitación para las migraciones, al tiempo de que se le agregan mecanismos administrativos legales para adquirir permisos o visados, que al tener un sinnúmero de requisitos para la persona migrante, obliga a que en muchas situaciones estas se desarrollen en condiciones de irregularidades y proclive al tráfico de personas, condiciones de irregularidades que son llamadas de forma despectiva “ilegales”, condición construida que es aprovechado por el gran capital para deprimir los salarios y mantener en subordinación a los trabajadores y trabajadoras migrantes.

Debemos reconocer, en primer orden, que el planeta es el hábitat natural de los seres humanos, que nadie debería ser llamado “ilegal”, que nunca debió permitirse la afrenta a la humanidad de la creación de fronteras ni requisitos para impedir el libre fluir de los seres humanos. Las fronteras han servido para dividirnos y separarnos, fronteras que han sido utilizadas para justificar una falsa concepción territorial de los seres humanos, fronteras que han sido utilizadas para diferenciar grupos de otros dentro de nuestra especie y crear ejércitos para matar y controlar. Fronteras que se utilizan para promover un fanatismo alrededor de una nación y provocar brotes de nacionalismos y xenofobia que llevan a la humanidad a sangrientos enfrentamientos que manchan de sangre, entre hermanos, la tierra que nos alberga, ampara y alimenta.