La desidia: un obstáculo para el avance de las organizaciones revolucionarias

Ángel Pichardo Almonte

Una de las situaciones o actitudes que han impactado seriamente en muchas personas participantes de organizaciones revolucionarias es la desidia.

La desidia puede asociarse a la dejadez, la indolencia, el desgano, el desinterés, la holgazanería, la pasividad y la vagancia.

Estas manifestaciones van apareciendo esporádicamente, hasta que se convierten en las principales expresiones de una persona o grupo. La desidia se contagia.

Y empieza a hacerse evidente en la falta de reacción oportuna y movimiento hacia asumir compromisos. Es como un escabullirse de las responsabilidades.

La desidia hace su aparición frente a cualquier situación, sin importar lo desafiante, novedoso y hasta lo creativa que pueda ser una propuesta o acción. La desidia es insensible. Roba la capacidad de asombro, doblega el Carácter y hace desaparecer la revolucionaria ternura.

La desidia también puede estar vinculada al abandono, la desatención y las faltas en el cumplimiento de un compromiso que se cree sabido y asumido.

Provoca ausencias sin excusas a eventos o encuentros organizados colectivamente, va acumulando, lentamente al principio, luego de forma descarada, el incumplimiento de responsabilidades y, sobre todo, va contribuyendo a destruir las iniciativas de otros y generando la desmovilización.

Es una actitud que hace pensar que todo se podrá hacer después. Que todo puede esperar, que nada importa si se falla o falta. La desidia rompe la interdependencia y es enemiga de la organización.

La desidia va más allá de cualquier falta aislada. La desidia es la indisciplina consuetudinaria.

Y lo peor, la desidia roba la capacidad política, obnubila la razón, apaga las emociones, convierte a la persona en vez de un ser activo, autocrítico y solidario, en un obstáculo para la consolidación de una militancia revolucionaria y el desarrollo de acciones colectivas, permanentes y transformadoras.

Con la desidia, quejarse no ayuda, aumenta más el malestar de desagrado.

Recuerde que la desidia es tan desmovilizadora que la persona no hace porque no puede, ha sido afectada su voluntad, su carácter, su autoestima y capacidades. Es en no querer hacer ni moverse que está el asunto.

La desidia requiere tratamiento con inteligencia y empeño.

Si en algún momento se ha identificado algunas de estas manifestaciones en su espacio de organización. Llamemos a la atención.

Requiere recuperar un cerebro cansado, una voluntad debilitada y quebrada.

Reflexionemos en colectivo, ofrecer apoyo y ayuda espiritual, contribuyendo a que el cerebro cansado pueda reposar, y recuperarse.

No se trata de abandonar, se trata de acompañar a romper ese cerco de inutilidad y falta de coraje. Busquemos formas diversas que Incentive la creatividad. Que haga florecer de nuevo el árbol podado.

Provocar la reacción, resaltar las buenas acciones y emular es una buena vacuna contra la desidia.

Celebrar los pequeños detalles.

Romper el anillo vicioso del desinterés y abandono.

Construir vínculos de compromiso y seguimiento. Servir de recordatorio siempre.

Invitar a la coherencia en alegría.

Resaltar que no existe nada más hermoso en la vida que desafiarse y desafiar la injusticia y la mentira, aun cuando hayan echado raíces en sí mismos y a aportar siempre a construir espacios libertarios, donde se compartan los sueños, la alegría y la vida en dignidad y armonía.

Angel Pichardo AlmonteComentario