La exposición oral

Me refiero a la exposición in voce, no-leída. Es menos rigurosa que la escrita, aunque más temida. Su estructura se puede reducir a introducción, desarrollo y conclusión o resumen. Aunque el dominio de la palabra hablada está más sujeto entrenamiento práctico que a fórmulas teóricas, siempre convendrá tomar en cuenta una que otra recomendación. He aquí algunas, específicamente referidas al ámbito académico:

  • Prepare intelectualmente su tema por completo; infórmese cabalmente.

  • Trate de incluir ideas e informaciones novedosas.

  • Diseñe por escrito su esquema de exposición; téngalo siempre a mano o a la vista.

  • Hágase una idea lo más precisa posible sobre el tiempo de su intervención.

  • Apóyese en anotaciones: si es preciso use fichas o láminas, o tal vez diapositivas.

  • Comuníquele al público, como parte de la introducción, los propósitos y el plan de exposición.

  • Asuma ante el público que éste tiene base para conocer el tema; válgase a veces de frases del tipo “Como ustedes saben...”. Evite la pedantería.

  • En lo posible, escoja una frase impactante para empezar y otra también impactante para terminar.

  • Equilibre la mirada a sus anotaciones con la mirada al público. Combine seriedad y amabilidad. No se exceda en gestos y ademanes, que solo deben servir para enfatizar ideas.

  • Si momentáneamente se escapa la línea de pensamiento (pierde el “hilo”), continúe con otra idea. No hay que excusarse o pedir “perdón” (al menos no excederse en ello) por algún término mal pronunciado: solo pronúncielo de nuevo correctamente.

  • Imprímale interés y pasión a su exposición

  • Si está nervioso o nerviosa, olvídelo y siga adelante.

(Tomado de Ulloa M., Luis. (2017). Los caminos del aprendizaje. Pedagogía para educandos. Págs. 128-129. Santo Domingo).

VIDA ACADEMICARyCComentario