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Más sobre la transición democrática pendiente

Desde el 1966, al día de hoy  el país ha tenido elecciones en los periodos establecidos salvo las de 1996, resultado del pacto por la democracia que puso fin a la crisis postelectoral de 1994. El hecho de que se realicen elecciones periódicas es importante para la estabilidad política de un país, pero eso necesariamente no asegura que las mismas estén garantizadas y regidas por los procedimientos democráticos, con transparencia, equidad para todos los participantes y un arbitraje libre de toda sospecha.

El propio Trujillo en plena dictadura realizaba elecciones, pero bajo su control absoluto sin competencia opositora y ganando siempre con los mayores porcentajes.

Por eso a más de medio siglo del tiranicidio y de haber retomado  la “democracia electoral”, es importante preguntarse porque la sociedad dominicana no ha podido avanzar en una verdadera transición política que profundice la democracia e institucionalice la vida del país donde la democracia no se reduzca a  “votos y elecciones”, donde los procedimientos democráticos, la transparencia y la rendición de cuentas se cumpla y que  fundamentalmente los derechos ciudadanos estén debidamente garantizados por el estado dominicano.

Pero también porque la sociedad no ha podido superar la vieja herencia trujillista de la concentración del poder, el presidencialismo, el autoritarismo, la intolerancia y la personalización del poder tanto en la esfera de lo público como del ámbito privado en las organizaciones políticas, sociedad civil, organizaciones de base etc.

Porque no tenemos un verdadero estado de derechos donde el poder constituyente este siempre por encima del poder constituido y no a la inversa, donde el principio de revocabilidad sea la frontera entre el incumplimiento de deberes por los representantes y  los derechos automáticos  de la ciudadanía a la  revocación  de mandato de cualquier funcionario electos por voto universal.

 En ese mismo orden el pueblo soberano es el único poder originario y solo a él le compete decidir las modificaciones a la constitución de la nación.

Los déficits democráticos del país ante la estancada transición democrática se expresa también en otras esferas de la vida nacional como es la concentración de  la economía y las riquezas del país en una reducida elite de familias y grupos corporativos, quienes a su vez siempre en componenda al poder político de turno ordeñan el estado para obtener privilegios, leyes, exenciones, representaciones en las instituciones del estado etc.

En contraste a esa opulencia y concentración de del poder el pueblo humilde con los mismos derechos y deberes constitucionales languidece en la miseria, la pobreza  y la postración, donde su lugar  es la caridad de políticas sociales asistencialistas y clientelares que luego deben pagar cada 4 años votando por el partido dominante.

En la esfera de lo social y cultural también se reproduce la concentración del poder y las practicas trujillistas fomentando estilos de vida divorciados de la realidad y las propias necesidades de la ciudadanía, para lo cual se utiliza todo un aparato mediático, hoy mucho más efectivo devastador por las nuevas tecnologías en curso.

Un aspecto relevante que golpea a nuestra sociedad es como las fuerzas conservadoras han logrado impedir que se produzca un ajuste de cuentas contra los crímenes y delitos durante la dictadura de Trujillo, tal cual ha sido logrado por otros países que padecieron la misma situación y que previamente se atrevieron a crear COMISIONES DE LA VERDAD.

Por igual aplica  también lo relacionado  al largo prontuario de robo al patrimonio del estado que han servido para la acumulación de riquezas y la formación de nuevos grupos burgueses.

La impunidad reinante en uno como en otro caso es un desafío democrático permanente porque una sociedad no puede avanzar con esos vacíos históricos so pena que los mismos continúen operando tal cual pasa en el presente.

En ese sentido planteamos  la necesidad de que en  la sociedad dominicana se genere un movimiento de reflexión y acción tendente hacer conciencia hasta parir un verdadero proceso de ruptura con la cultura y los fantasmas del pasado trujillista pero sobre todo  de construir las  propuestas de cambios profundos  hacia una sociedad democrática y un verdadero estado social y de derechos.

Juntos identifiquemos y unamos las fuerzas éticas, morales, sociales, económicas, políticas y culturales en capacidad de decir ya basta señores del pasado, otra república dominicana democrática es necesaria y posible y contra vientos y mareas la vamos a construir.

Ruptura y cambio es el compromiso que todo buen ciudadano debe plantearse para que renazca la esperanza y vida digna en nuestra amada república dominicana.

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