La manipulación del concepto extranjero en tránsito
junio 1, 2018
Sin ruptura no hay historia
junio 2, 2018
Mostrar todos

Transición Democrática Pendiente

El pasado 30 de mayo se conmemoraron 57 años del ajusticiamiento de Rafael Leónidas Trujillo Molina, acontecimiento que como un terremoto sacudió los cimientos de la sociedad dominicana.

La dictadura de Trujillo se hizo famosa en el concierto latinoamericano y caribeño por diversos factores: sus orígenes, el largo periodo de duración, la forma despótica como ejerció el poder, el uso de los bienes público como patrimonio familiar, los aspectos ideológicos utilizados, lo relacionado al desarrollo del estado dominicano, el control de la oposición así como  a las recurrentes maniobras de que se valió a tono con el contexto  externo e interno, entre otros.

Con su desaparición física la sociedad dominicana entra a un dilatado  proceso de relativa apertura política democrática de movilización y encuadramiento social y político, donde las energías contenidas por la fuerza del terror y la manipulación pronto entraron en ebullición y los más diversos actores políticos, económicos, sociales, culturales entraron al escenario con sus demandas, propuestas y espacios de participación correspondientes.

Las elecciones del 20 de noviembre de 1962 fueron la catarsis y la válvula de escape donde la sociedad mayoritariamente decide entrar a la  escena política electoral  en respaldo al profesor Juan Bosch, quien había sido una de las tantas víctimas de Trujillo con su largo exilio.

El profesor Bosch levanta el discurso de redención social para enfrentar a la oligarquía criolla articulada principalmente en la Unión Cívica y de todos los tutumpotes que pretendían heredar el patrimonio público y el de la familia Trujillo.

Sin embargo, ese discurso a favor de los “hijos de machepa”  fue acompañado de una suerte de alianza con sectores neo trujillista  por medio de la política del  “borrón y cuenta nueva” que tendrá consecuencias inmediatas y que en el tiempo se ha  proyectado con el régimen de impunidad que tanto daño sigue causando a la sociedad dominicana.

Una vez juramentado presidente y por medio a una Constituyente, Bosch  hizo proclamar una de las constituciones más liberales de la historia política del país. Pero factores internos y del contexto internacional se articularon facilitando el golpe de estado del 25 de septiembre de 1963, dando  paso  a un intenso período de tensiones sociales de conflictividad e inestabilidad   política que llevan al contra golpe de 24 de abril de 1965, donde militares y civiles se plantearon el retorno a la “constitucionalidad sin elecciones”, objetivo que solo pudo ser impedido por la  intervención militar de Estados Unidos en aplicación de su geopolítica para el Caribe.

Así las cosas, la iniciada apertura política y el intento de consensuar un orden democrático a través de las elecciones post- dictadura quedaron frustrados y ahora se planteaba el dilema de cómo recomponer el orden constitucional quebrado, con el agravante de que ya se había derrotado el brazo militar del bloque dominante.

La respuesta la impusieron los Estados Unidos quienes apelan a la realización de nuevas elecciones, inclinando la balanza para mediatizar soluciones internas e imponer opciones viables de una estabilidad dominante excluyendo a los actores sociales, políticos y militares que impulsaron la constitucionalidad sin elecciones.

Con  el país intervenido se realizan las elecciones el 1 de  junio de 1966, donde el Dr. Joaquín Balaguer, un cortesano de la era de Trujillo, sale premiado, dando inicio a un período corrido de doce años donde se apela a viejos  métodos de la tiranía, en combinación con nuevas formas. En definitiva la democracia se mantiene limitada predominando formas de gobierno autoritarias en abierta violación de todos los derechos democráticos contra la ciudadanía, la oposición y en especial  al movimiento popular y revolucionario.

Durante  1978, derivado de factores internos como la ampliación de la base socioeconómica capitalista del país, la creciente presión por la apertura política y la decisión del PRD, de acudir a las elecciones, se articularon con importantes  factores externos como  la política imperial de la época de respecto a los “derechos humanos”, posibilitando  que la opción opositora del “cambio sin violencia” representada por Antonio Guzmán, derrotara el tercer intento de reelección de Balaguer, no sin antes tener que resistir los intentos en desconocer la victoria opositora  aunque aceptando se mediatice sus resultados con el fallo histórico que les sustrajo 4  senaduría con lo cual  mantuvo el control del senado y por tanto la justicia como forma de asegurar  a su figura y demás personeros la  impunidad.

El nuevo gobierno  del PRD privilegia mayor apertura del  sistema político y las reglas formales democráticas, excarcela los presos políticos permite el retorno de los exiliados, se  deroga la odiosa legislación anticomunista,  se impulsa la “despolitización de las fuerzas armadas”, posibilitando en definitiva  mayores libertades de participación y organización tanto social, sindical y política.

La experiencia perredeísta, muy a pesar de la conflictividad interna, se constituye en relevo de sí misma para el periodo 1982-1986, con el Dr. Salvador Jorge Blanco, no sin antes dejar de tragar el trauma institucional creado con el  suicidio del presidente Guzmán y el rápido  agotamiento del proyecto “socialdemócrata”, que en esta segunda gestión se enfrenta al desencuentro con la sociedad civil agrietándose la capacidad de dialogo con la sociedad provocando la  mayor ruptura con la insubordinación popular de los días 23,24,y 25 de abril de 1985.

La frustración colectiva por los resultados finales del periodo del PRD, 1978- 1986, crearon las condiciones para el retorno de Balaguer al poder en esta ocasión disque para realizar el “gobierno que sonó desde niño”. Disminuido en su visión y a pesar de la avanzada edad emerge como la figura del orden que garantiza el relevo de una sociedad atrapada en una multiplicidad de conflictos.

Aunque se trata del mismo político conservador de siempre, en esta ocasión el contexto era otro por lo  que Balaguer hubo de modificar aspectos en la forma de ejercicio gubernamental; volvería a presentarse en 1990, y 1994, logrando mantenerse en el poder a base se maniobras y tramposerías electorales, aunque que por efecto de la crisis post electoral de 1994, hubo de recortar su mandado hasta el 1996.

En las elecciones de 1996 se produce un verdadero acontecimiento los dos viejos caudillos de la política dominicanos el liberal Juan Bosch y el ultraconservador Joaquín Balaguer pactaron para enfrentar la  opción electoral puntera del Dr. Peña Gómez al considerarlo como el “camino malo” y decidiendo que el joven Dr. Leonel Fernández fuera el siguiente presidente del país y el PLD su partido gobernante.

Aquí se inicia la era el PLD, en la gestión 1996-2000, donde se puso mucho énfasis  en aspectos “modernizadores” de algunas áreas de la administración pública, el recaudo de impuestos, muchas leyes y diálogos con sociedad civil, pero donde también se evidencio mucha falencia y sobre todo su conexión con las políticas neoliberales, la privatización del patrimonio público acompañado de la corrupción de connotados dirigentes lo cual determinaría el desencanto de la población y posterior  fracaso electoral de  la opción presentada en los comicios del 2000.

El PRD retorna al poder con el Ing. Hipólito Mejía en el periodo 2000-2004, quien se vio atrapado en la crisis bancaria local, los escándalos de corrupción, el envío de tropas a IRAK y la modificación de la constitución para eliminar la prohibición consecutiva de la reelección, la cual vio frustrada en el 2004.

El retorno al poder de Leonel Fernández y su permanencia hasta el 2012 constituye un periodo en el que se confirma la trasformación del PLD en un partido conservador que asume la política con “pragmatismo”, convirtiéndose en una maquinaria electoral y corporación mafiosa, con el aprovechamiento al máximo de los bienes públicos para el enriquecimiento personal de muchos de sus dirigentes y que hace inversiones pensando en la trascendencia más que en la solución de problemas nacionales prioritarios. A su vez hizo aprobar una Constitución que enarbola un supuesto “Estado social y de derechos” acompañado  de una ley de “Estrategia Nacional de Desarrollo”, lo cual sugiere un proyecto hegemónico hasta el bicentenario.

El proyecto peledeísta, en un hecho sin precedentes de la degradación pública, generó un déficit fiscal ascendente a más de 200, 000,000 millones, con el cual garantizó su relevo nuevamente en el 2012, con Danilo Medina, quien también escogió el camino de modificar nuevamente la Constitución en el 2015, con el propósito de restablecer en esta la reelección en forma consecutiva por otra periodo y nunca jamás, hecho que en efecto se consumó en el 2016.

Como podemos apreciar, desde el ajusticiamiento de Trujillo solo tres partidos políticos han ganado elecciones y dirigido los destinos del país: el Reformista, con seis elecciones ganadas (“”) y 22 años gobernando, en la persona de Balaguer; los peledeistas, con 5 elecciones y 18 años de gobierno, de las cuales 12 corresponden a Leonel y  6 a Danilo (al final del cuatrienio sumarian 8 en total); por su parte el perredeismo, con 4 elecciones ganadas y 12 años y siete meses gobernando, repartidas en 7 meses de Bosch, cuatro para Guzmán, 4 Salvador y 4 Hipólito, respectivamente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *